Segovia Royal Palace

We love places, but we know that to see real ones we must go to Europe. So, we packed our bags and went to Segovia.
Segovia is located less than 100 km from Madrid. This old city has been declared a World Heritage Site, and it is located in the province of Castilla y León, in the central region.

We are where used to be the Roman Segóbriga, which means Victory’s city. Its icon is an impressive aqueduct, the biggest Roman monument in Spain, with 166 arches, built stone over stone, without any mortar!
As a tourist, you might find interesting the fact that Segovia’s province, since the beginning of time, is the residence of Spanish’s monarchy. In fact, there were eleven royal residences in the province, but some of them doesn’t exist anymore and others are very famous, such as the Royal House of the Alcázar de la Borgoña and Tastámara and the Bourbon palaces like  Río Frío and Saint Idelfonso’s La Granja.

It takes 11 km from Segovia to arrive. Its history begins in 1450 with the construction of a chapel dedicated to San Ildefonso. According to a legend, Philip V visited this place and was so delighted that he decided to build a palace just as in Versailles.

Construction began in 1721; The gardens were designed by the sculptor RenatoCarlier and the gardener Esteban Boutelou, and although they resemble those from Versailles or Marly, they have their own style. The palace garden’s houses 26 fountains that offer spectacular dancing waters, mythological character’s sculptures and a 2 km labyrinth.
These gardens can be visited every day from 10 in the morning until sunset. Admission is free except when the dancing water fountains are enabled: Wednesdays, Saturdays, and Sundays from 3 pm to 6 pm. We recommend phoning or get information before going because only four fountains are enabled each day.  Other places to visit previous information, are the Partidas de la Reina, the Botanical Garden, and the Fish Farm.

We could not leave Segovia without tasting its more traditional sweet: the ponche, a traditional sponge base, made with eggs, sugar, and flour, filled with pastry cream, covered by a thin layer of marzipan and decorated with powdered sugar decorated with a red-hot,diamond-shaped iron that caramelizes sugar and gives it its unmistakable look and taste.

It is very easy to arrive at Saint Ildefonso Farm by road, bus or train. You have to reach Chamartin station and from there, it’s a bus to La Granja.


Picture: Wikipedia

[catlist name=English]

Quesos y vinos, especialidades de Menorca

No sólo de viajes viven las turistas… ¡también tenemos que comer! En realidad, nos destacamos por nuestra frugalidad, por lo que un humilde trozo de queso acompañado por un vaso de vino es más que suficiente para recuperar fuerzas y continuar viajando.

Precisamente esto fue lo que pensamos cuando llegamos a Menorca.  que junto con Mallorca, Ibiza, Formentera y otras islas más pequeñas conforman el archipiélago de Las Baleares, en España, sobre el mar Mediterráneo.

Los vinos

Menorca posee un suelo y un clima privilegiados; declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco debido a su entorno y delicado equilibrio natural, fue durante mucho tiempo una productora y exportadora de vinos artesanales muy apreciados en el Mediterráneo.

En la actualidad los viñateros menorquinos han retomado esa tradición con un producto sólo para exigentes que ha obtenido la Indicación Geográfia “Vi de la Terra”.

Según los registros documentales, en 1764 existían en Menorca unas 1500 ha. de viñas, aunque los vinos artesanales se elaboraban ya en el siglo XIII. Los vinos de Menorca partían hacia el mundo en las bodegas de la flota británica, provenientes de Alaior, Sant Climent, Ciutadella o Sant Lluís entre otras zonas de cultivo.

Los bodegueros se dedicaban en aquella época a variedades de uva como la calop, moscatel, esturell, cariñena, babarrés, giró o imperial entre las más importantes. En 1891 la plaga de filoxera arrasó los cultivos y la actividad vinícola casi desapareció de la isla, pero a fines del siglo XX se retomó esta tradición menorquina: la elaboración de vinos, sin los cuales ninguna comida ni reunión está completa, parte indisoluble de la cultura mediterránea. .

Actualmente Menorca produce nuevos vinos, basados en las técnicas tradicionales de la isla, a partir de una docena de viñedos pequeños, de cuatro o cinco hectáreas, que producen unos 60.000 litros al año.

Las cepas son exclusivamente Cabernet Sauvignon, Merlot, Monestrell, Tempranillo y Syrah para los tintos, y Chardonnay, Macabeo, Malvasia, Moscatel, Parellada y Moll, para los blancos. Además, todas las botellas son controladas, numeradas y certificadas.

Para empezar, las viñas de Menorca cuentan con el privilegio de ser cultivadas en un suelo y un clima excepcionales y protegidos: suelos calcáreos y de piedra arenisca, vientos tramontanos, aire salino, sol todo el año y la lluvia necesaria, determinan sus características únicas.

Para obtener uvas de excelente calidad, además del amoroso cuidado de los viñateros, la producción se limita a 8.000 Kg. de uva por hectárea. Durante la vendimia se seleccionan cuidadosamente las uvas sanas, y la elaboración se realiza en base a prácticas tradicionales. El resultado: tintos brillantes, color cereza, con aroma a frutas rojas y especias; blancos de color amarillo pálido, aromáticos y florales, frescos y secos en boca, en especial los elaborados con uva malvasía proveniente del Parque Natural de la Albufera del Grao.

El queso Mahón

Si creías que con esto no era suficiente… espera, porque todavía no hemos probado el queso Mahón-Menorca, considerado una joya de la gastronomía mediterránea.

Quienes visiten el campo menorquín verán antiguos muros de piedra que dividen las pequeña parcelas en las que, desde hace generaciones, se cría ganado manteniendo el equilibrio ecológico, por lo cual la isla fue declarada Reserva de la Biósfera por la Unesco.

Los antiguos pastores se dedicaron también a la elaboración de queso; en el siglo V ya se hacía referencia al queso de la isla, y en el año 1000 los árabes destacaron sus virtudes. Sin embargo, su consagración llegó durante el imperio británico, cuando comenzó a ser conocido como Mahón, capital oficial de la isla y ciudad-puerto por donde salían los quesos menorquines hacia el mundo.

Actualmente, Mahón-Menorca es Denominación de Origen Protegida del queso de la isla, un delicioso producto que únicamente aquí adquiere su sabor, textura y aroma, debido al clima y geografía de Menorca y la forma de elaboración, que se transmite de generación en generación desde hace siglos.

Así, el “formatjat” del queso Mahón, es decir, su proceso de elaboración en los “llocs” o fincas donde se realiza, lleva a obtener esta verdadera joya de la gastronomía, que está lista para ser saboreada después de madurar en cavas donde adquiere la corteza tradicional, untada con aceite y pimentón.

Hay tres tipos de queso Mahón-Menorca: tierno, semi-curado y curado. La diferencia está en el tiempo de maduración y los sabrosos productos finales permiten diferentes combinaciones.

El queso Mahón-Menorca es un queso de leche entera de vaca, con forma de paralelepípedo y bordes redondeados. La pieza entera tiene entre 5 y 9 cm. de altura y 1 a 4 Kg. de peso. Su corteza es de color amarillento a naranja, pasta firme, de color blanco marfil a amarillento, con ojos pequeños, redondeados y de distribución irregular.

Su sabor suave, natural de la isla, ligeramente ácido y salado, recuerda la leche y la mantequilla, y a medida que el queso madura los aromas y sabores se hacen más intensos y complejos hasta llegar al picante.

El tierno es de color y sabor suaves y corteza blanda; lleva de 21 a 60 días de maduración. El semi-curado, inconfundible con su corteza color naranja o parda si es artesanal y su dejo a avellanas tostadas, con el “bouquet” típico, lleva 2 a 5 meses de maduración y es ideal para combinar con pan tostado, tomates, ensaladas y dátiles. Combinado con mermelada es el tradicional postre “jaleo”. El curado, intenso, de textura firme y quebradiza, se deshace en escamas al cortarlo; su sabor picante armoniza con frutos secos y uvas.

Ahora sí, sentémonos en esta mesa frente al mar y… ¡bon apetit!

El Palacio Real de Segovia

Los palacios nos encantan, pero sabemos que para ver verdaderos palacios hay que viajar a Europa. De manera que hicimos nuestras valijas y nos fuimos a Segovia.

Segovia se encuentra a poco menos de 100 Km. de Madrid. La ciudad vieja ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad, se encuentra en la provincia de Castilla y León, en la región central.

Estamos en la Segóbriga romana, que significa Ciudad de la Victoria; su emblema es un impresionante acueducto, el monumento romano más grande de España, con 166 arcos construidos de piedra sobre piedra ¡sin ningún tipo de argamasa!

Interesará al visitante saber que la provincia de Segovia es desde el comienzo de los tiempos, la residencia de la monarquía española. De hecho, hubo en total once residencias reales en la provincia, aunque algunas ya no existen y otras son muy famosas, como la Casa Real del Alcázar de los Borgoña y Tastámara y los palacios borbones de Río Frío y de la Granja de San Ildefonso.

Esta se encuentra a 11 Km. de Segovia; su historia comienza en 1450 con la construcción de una ermita dedicada a San Ildefonso. Según la leyenda, Felipe V visitó este lugar y quedó tan encantado que decidió construir un palacio igual al de Versalles.

La construcción comenzó en 1721; los jardines fueron diseñados por el escultor Renato Carlier y el jardinero Esteban Boutelou, y aunque se parecen a los de Versalles y Marly, tienen estilo propio. Alberga veintiséis monumentales fuentes con espectaculares juegos de agua, esculturas de personajes mitológicos y un laberinto cuyos senderos suman 2 Km. de extensión.

Estos jardines se pueden visitar todos los días del año de 10 de la mañana hasta la puesta del sol; la entrada es gratuita excepto los días en que se habilitan las fuentes: miércoles, sábados y domingos de 15 a 18. Recomendamos informarse ya que sólo se ponen en funcionamiento cuatro fuentes cada día. Otros lugares para visitar previa consulta son las Partidas de la Reina, el Jardín de la Botica y la Piscifactoría.

No podíamos dejar Segovia sin saborear su dulce más tradicional: el ponche, una base de bizcocho tradicional, elaborado con huevos, azúcar y harina, relleno de crema pastelera, cubierto por una fina capa de mazapán y adornado con azúcar impalpable sobre el que se aplica un hierro candente de diseño romboidal que carameliza el azúcar y el otorga su aspecto y sabor inconfundibles.

Es muy fácil llegar a la Granja de San Ildefonso por carretera, en autobús o en tren hasta la estación de Chamartin y desde allí en autobús hasta La Granja.

Foto: vía Wikipedia